
Se conserva en la localidad el palacio barroco de los Martín-Ovejero mandado construir a mediados del siglo XVIII por Felipe Martín Ovejero quien fue canónigo maestreescuela de Málaga y gobernador de su obispado antes de ser nombrado obispo de Oviedo en 1750.

El edificio, de dos plantas, se levanta alrededor de un pequeño patio interior sobre una parcela de 608 m² que tiene forma trapezoidal. La fachada principal se encuentra en el lateral más estrecho que es el orientado al Norte. Construida con piedra de sillería, presenta un aspecto simétrico, con la portada enmarcada con una moldura con orejeras. A los lados dos columnas de orden dórico toscano acompañadas de una pilastra hacia el exterior, así como una pequeña ventana a cada lado. El portón de entrada presenta dos grandes hojas de madera asimétricas con entrada independiente en la hoja derecha.
En la planta superior sobre la portada existió un balcón con rejería al que se accedía por una puerta de madera de dos hojas que contaba con un panel superior fijo. De una anchura ligeramente inferior a la portada principal, también está adornada con una moldura de orejeras. A ambos lados, y por encima de las columnas de la planta inferior, unas pilastras que culminan con elementos vegetales en la parte superior, mientras que hacia el exterior tienen una abundante ornamentación que culmina con sirenas en la parte más alta y enlaza con la prolongación de las pilastras inferiores.

Igualmente cuenta con dos ventanas enrejadas que se sitúan encima de las de la planta inferior, y entre estas y las pilastras sendos escudos, a la izquierda el episcopal correspondiente al obispo Ovejero en el que bajo un sombrero eclesial del que parten cordones bolados que lo rodean se encuentra un blasón con dos aves enfrentadas, situadas sobre un ajedrezado, que engullen parte del cordón.
Por su parte el de la derecha tiene una inscripción con el siguiente texto: "El licenciado Don Felipe Ovejero canónigo y dignidad de maestreescuela de la Santa Iglesia de Málaga, gobernador de su obispado".
La separación entre plantas se realiza por medio de una moldura similar a la cornisa del edificio. Encima de esta, en su parte central, hay un pequeño frontón con un escudo sin tallar sobre el que se sitúa un tímpano triangular en el que aparece la inscripción "Año de 1743".
En la rehabilitación del edificio que se está llevando a cabo desde hace unos años, y que aún no han concluido, ha desaparecido el balcón de rejería y el acceso al mismo ha sido sustituido por una puerta acristalada de doble hoja. También las ventanas inferiores han perdido las rejas que las protegían

Los muros Este y Oeste se levantan sobre un zócalo de sillería sobre los que se asientan los lienzos construidos con tapial y ladrillo con machones de sillería, en los que se abren varias ventanas algunas de las cuales aún conservan sus rejas. En su interior cuenta con un pequeño patio con pozo y el piso empedrado, rodeado de un pórtico de columnas dóricas.
El palacio se edificó sobre un antiguo hospital de peregrinos una vez que la familia Martín ve reconocidos sus derechos por la Real Chancillería y establece un mayorazgo en la villa. El edificio, además de tener una función representativa del poder señorial, estaba destinado a alojar al titular del mismo, aunque el obispo Ovejero no llegó a ver finalizadas las obras ya que falleció en 1753. Hay que esperar al año 1890 para que alguno de sus descendientes empiece a residir en el palacio.
El nombre de la localidad ya aparece mencionado en un documento de 1135 entre el rey Alfonso VII y el obispo de Palencia Pedro, por el que se confirma la posesión de la misma por parte del obispado palentino. A mediados del siglo XIV "Villa Martín" figura en la merindad de Campos como lugar de señorío del obispo de Palencia al que pagan 180 maravedís en concepto de martiniega, 80 maravedís por yantar, y 8 dineros de cada casa por infurción, además de 6 carros de paja que le da el Concejo. Por su parte, el Rey recibe otros 180 maravedís de martiniega y también le pagan servicios, monedas y fonsadera.

Según datos censales de 1528 la localidad cuenta con 78 vecinos, en la que. Sancho de Tovar figura como señor de Villamartín en 1575. Poco después el Obispado de Palencia en 1586 indica la existencia de 96 parroquianos en la localidad, mientras que en el censo de 1591 se anotan 92 vecinos de los que 87 son pecheros, 2 hidalgos y 3 clérigos.
En 1631 aunque la localidad tiene una escritura para suministro de sal del alfolí de Palencia de 40 fanegas anuales ese año únicamente solicita 30 fanegas. Quince años más tarde hay 70 vecinos en la localidad.
A principio del siglo XVIII, la población ha descendido a 37,5 vecinos, entre los que hay 26 pecheros, 11 viudas contadas cada una como medio vecino, y 6 pobres. Además de 1 hidalgo y 1,5 mendicantes aunque sin la consideración de vecinos.
Según los datos que indican el 7 de enero de 1752 en las respuestas generales del conocido como Catastro de Ensenada, la villa es de Realengo. El vecindario se compone de 69 vecinos entre los que se incluyen las viudas contadas cada dos como un vecino. Hay además un ermitaño pobre que vive en la ermita de Nuestra Señora de Cilleruelo, aneja a la colegiata de Ampudia.

El casco urbano lo forman 79 casas habitables, 3 inhabitables y 6 arruinadas. Cuenta con casa de Ayuntamiento, fragua, matadero y carnicería. Asimismo hay una taberna que está arrendada, un mesón, tienda de agujetas, cordones y otras menudencias, así como una tienda de aceite y 5 panaderías. Dispone de una casa hospital para atender a los pobres transeúntes con la obligación de llevarlos a otros hospitales.
En la villa hay 9 palomares entre los que se encuentra el de Don Felipe Martín Ovejero, obispo de Oviedo, que es el que más produce a sus dueños, entre los que se encuentran un vecino de Baquerín de Campos y otro de Autilla del Pino.
Además de agricultores y ganaderos, la localidad cuenta con cirujano, escribano del número, maestro, varios albañiles, herrero, herrador, albéitar, sastre, tejedor, 7 jornaleros, pastores de ganado lanar y mayor. También tiene cura párroco, sacristán y 8 pobres de solemnidad.
El censo confeccionado en 1768 indica la existencia de 232 habitantes, de los que 115 eran hombres y 117 mujeres, con un elevado número de menores de 7 años que asciende a 59 párvulos.
Tres años más tarde se sabe de la existencia de 3 cofradías en la localidad, la de Ánimas, que es la que tiene más ingresos y gastos, la de la Vera Cruz y la Nuestra Señora de la Concepción.

En 1787 la villa bajo la autoridad de un Alcalde Ordinario sigue siendo de realengo, está incluida en la intendencia de Palencia y el partido de Campos. Cuenta con una población de 128 hombres y 130 mujeres para un total de 258 habitantes, entre los que hay 18 criados, 17 jornaleros, 13 labradores, 4 estudiantes, 4 militares, 3 artesanos, 2 hidalgos, 1 empleado Real, 1 cura y 1 sacristán.
La población en 1828 es de 305 habitantes, considerados como 79 vecinos, que se reducen a 56 censados en 1843, para aumentar a 63 vecinos, 327 habitantes en 1850 que se reparten entre las 78 casas de pobre construcción que forman su casco urbano. Siete años más tarde hay 215 hombres y 198 mujeres para un total de 413 habitantes en la villa.
Becerro de Bengoa en 1874 indica la existencia de 474 habitantes, 97 casas y 8 bodegas, mientras que según el censo de 31 de diciembre de 1877 tiene una población de derecho de 375 personas, 201 varones y 174 mujeres. Según el padrón de 1885 tiene 400 habitantes, y 104 edificios en su casco urbano. Dos años más tarde se mantiene la población con 401 habitantes de hecho aunque 400 de derecho y cuenta con 140 edificaciones de las que 28 son de una planta, 98 de dos, 1 de tres y además dispone de 13 albergues en la localidad y otros 18 diseminados

Además del palacio de los Martín-Ovejero en la localidad destaca la iglesia de San Salvador construida en el siglo XVIII sobre una anterior del XV derribada al amenazar ruina. Su interior de una sola nave alberga retablos barrocos y neoclásicos.
En su casco urbano aún se conservan varios casas hidalgas y casonas tradicionales, entre las que figura la "Casa de la Inquisición", una de las más antiguas de la villa situada frente a la parroquia de San Salvador.
A las afueras de la localidad se pueden encontrar algunos palomares en distinto estado de conservación, así como las ruinas de lo que en su día fue la estación del ferrocarril secundario.