Castillos de Palencia
Torremormojón
Panorámica

El castillo de Torremormojón, o "La estrella de Campos" como también se le conoce en la comarca, se encuentra emplazado en la parte occidental de un elevado cerro en las estribaciones de los montes Torozos, desde el que se divisa un amplio panorama de la Tierra de Campos, lo que le permite estar comunicado visualmente con los castillos de Ampudia y Belmonte de Campos, en Palencia, y Montealegre, en Valladolid.

Se sabe que en el siglo X ya existía una torre, probablemente de las más antiguas de la provincia, que se convertirá en límite fronterizo entre los condados de Castilla y León tras la división efectuada por Sancho III el Mayor a comienzos del XI.

Numerosos son los tenentes que figuran a cargo de la fortaleza durante el siglo XII. Así aparece Pedro Ansúrez en 1114, Tello Fernández en 1116, Pedro Martínez en 1122 y Pedro González de Lara dos años más tarde. Desde 1162 Rodrigo Gutiérrez Girón figurará varias veces al frente de la misma. A su muerte en 1194, le sustituirá su hijo Gonzalo Ruiz Girón hasta 1229.

Panorámica aérea obtenida del SigPac

La familia de los Téllez de Meneses ostenta la tenencia desde finales del siglo XIII hasta la extinción de su linaje en el XV.

Según los datos del libro Becerro de las Behetrías, Torremormojón figuraba como lugar de solariego de Juan Alfonso de Alburquerque al que pagaban 900 maravedís en concepto de martiniega, 240 por yantar y 200 por fumadga, además de tres eminas de pan en concepto de obradas y 6 maravedís al Merino por tasas. El Rey únicamente recibía los tributos de servicios y monedas.

Una vez terminada la guerra fratricida entre Pedro I y Enrique II, el vencedor Enrique II entrega la villa a su hermano, el conde D. Sancho, quien a su vez la dona en 1370 a García González de Herrera, Mariscal de Castilla.

Los Herrera mantendrán la villa en su poder hasta que en 1484, por matrimonio de Blanca de Herrera con Bernardino Fernández Velasco, pase al conde de Benavente, quién hasta 1512 refuerza la fortaleza, sobre todo en la parte del foso.

Torre pentagonal

Durante al guerra de las Comunidades, en 1521, se refugian en la localidad las tropas reales que abandonan Ampudia, quienes al verse cercadas por el ejército del obispo Acuña y Padilla huyen por la noche a Medina de Rioseco, sufriendo la muralla diversos destrozos el día siguiente.

El conde de Benavente realiza obras de refuerzo en sus muros en 1523. Al comienzo del siglo XVIII durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas del mariscal Bessieres lo ocupan, al igual que el vecino de Ampudia.

La población aumenta desde los 198 vecinos que figuraban censados en el siglo XVI, hasta los 425, equivalente a 650 almas, de mediados del siglo XIX, que habitaban las 460 casas que formaban el casco urbano.

En 1874 el castillo es demolido en parte, y el 6 de septiembre de 1878 es declarado Monumento Histórico Nacional, siendo uno de los primeros castillos en obtener dicha calificación, lo que no ha impedido que llegue a nuestros días completamente arruinado.

Lo que se conserva del castillo consiste en un edificio de planta rectangular, con torres circulares en sus esquinas, como se puede ver en una de las imágenes anteriores.

Restos de la torre primitiva

En la parte más expuesta, la que da al llano del cerro, cuenta además con una torre pentagonal y un foso. Esta torre protege el foso y la pequeña puerta de arco apuntado que permitía el acceso a la fortaleza por medio de un puente o pasarela necesarios para salvar el foso.

En el interior de esta torre pentagonal unas escaleras permiten el acceso a una galería subterranea, que cuenta con varias cámaras de tiro que protegían el foso y que comunicaba las tres torres entre sí, dando acceso a las casamatas donde se colocaban las piezas de artillería. Todo este frente, que se encuentra desmochado, corresponde a las reformas de finales del siglo XV, es de buena sillería con muros de 4 metros de grosor.

De las otras torres y lienzos de la fortaleza nada más quedan los cimientos y unos muros de tapial realizados para aprovechar el castillo como palomar. Contaban los lienzos laterales con una torre circular situada en el centro de los mismos, mientras que en la cara más alejada del cerro, la más visible desde la población, se ven los restos de otras dos torres circulares situadas hacia la mitad del lienzo, apenas separadas entre si, y que protegían la entrada principal al recinto.

Frente que da al llano Vista interior

En el centro de la fortaleza se encuentran los restos de la torre primitiva de la que sólo se conserva una sala abovedada correspondiente a un algibe y una enorme cantidad de escombros.

Según la descripción que hace de la fortaleza Ricardo Becerro en 1878, el recinto mide 48 metros en los lienzos Este y Oeste por 54 en los frentes Norte y Sur, con muros de 9 metros de altura y 2 más en el coronamiento de los torreones.

Ilustración del castillo (AHN Simancas)

La fachada principal, estaba protegida por una barbacana de forma rectangular-semicircular de 15,60 metros de diámetro. En el interior del castillo, una calle de 7,30 metros, separaba la torre central del recinto. La fachada principal de la torre, situada a oriente, medía 9 metros de alto. Se accedía por una sencilla puerta gótica situada en el centro con tres escudos sobre el arco.

No tenía almenas aunque se apreciaba el arranque de las mismas, así como cuatro ménsulas de un matacán situado sobre la puerta. En el interior del cuerpo central una sencilla galería gótica de 3 metros de altura, ya en estado de ruina, parecía rodear la torre. Frente a la puerta un estrecho pago permitía el paso al aljibe. A la derecha de la puerta existía una subida a la torre superior. Del resto no quedaban más que escombros hacinados, salvo dos paredones que formaban el ángulo sureste de la torre del homenaje, que conservaban en el grueso de sus paredes los arcos de las galerías de paso y se veían los huecos donde ajustaban los sostenes de los tres pisos.

Santa María del Castillo

La población estaba protegida por una extensa muralla que rodeaba el pueblo, de la que aún se pueden ver grandes paredores de tapial bordeando el casco urbano. En 1521 sirvió de refugio temporal a la tropas reales, lo que motivó el ataque del ejército comunero, causando diversos daños, entre los ellos la quema de la puerta principal.

En el casco urbano destaca la iglesia parroquial de Santa María del Castillo con su monumental torre románica de seis cuerpos. La construcción del resto del templo es del siglo XVI, realizada con excelente cantería.

También se conservan los restos de la iglesia de Nuestra Señora del Campanil, que pertenecía al convento de monjas dominicas de Santa María de la Piedad, trasladado a Palencia en 1540. Fuera de la población se puede contemplar el conjunto de palomares existentes en las proximidades.