Castillos de Palencia
Santoyo
Muralla Oeste

Se emplaza sobre una antigua villa agrícola de época romana de la que hay vestigios en el pago de las Quintanas.

Repoblada en la segunda mitad del siglo X por Fernán Mentález, al igual que las localidades cercanas de Boadilla del Camino, Itero de la Vega y Melgar de Yuso en tierras palentinas, e Itero del Castillo y Melgar de Fernamental en Burgos. El 8 de septiembre de 970 las otorga fueros, que son expresamente ratificados por el conde García Fernández, de quien era vasallo.

En 1352 aparece como lugar de behetría con 60 solares y varios deviseros, y abadengo, este último compartido entre el Obispo de Palencia y San Isidro de Dueñas, con 20 y 14 solares, repectivamente. Pagaban al rey 246 maravedís de martiniega, que se entregaba casi toda ella al castillo de Burgos, monedas y servicios, pero no fonsadera. Además, daban por infurción cada solar 20 sueldos al señor de behetría, por 4 los de abadengo. Por San Juan pagaban 6 maravedís los de behetría en concepto de devisa.

Perteneció inicialmente a la jurisdicción de Melgar de Fernamental, que a su vez dependía de Castrojeriz. En 1453 el concejo inicia los trámites legales de separación de la jurisdicción civil. El 19 de junio de 1467 Enrique IV firma en Segovia "carta de exención", que es confirmada tres días más tarde.

Muralla Sur

No obstante, a partir de ese momento se produjeron numerosos pleitos con Melgar, resueltos finalmente mediante una concordia y el pago de 200.000 maravedís. Más problemas planteó el conde de Castro, lo que hizo necesaria la intervención del emperador Carlos V, hasta conseguir que el concejo de Santoyo comprara por 620 ducados de oro su jurisdicción civil.

Años antes, tras ser sofocada la revuelta comunera, al igual que otras localidades de Tierra de Campos ofreció aportaciones de grano para el sustento del ejército que combatía en Logroño la entrada de los Franceses. La población en el siglo XVI ascendía a 247 vecinos pecheros.

Durante el reinado de Felipe III estuvo a punto de ser enajenada por la Corona ya que Ambrosio Spínola en 1612 se interesó en su compra. No llegó a efectuarse al reclamar la villa alegando diversos privilegios que tenía, entre ellos los de Fernando el Católico, Felipe II y el mismo Felipe III, de 1603, en los que prometían a la villa que nunca sería apartada de la Corona.

Restos de la muralla

Los datos del Catastro de Ensenada indican que en 1752 tenía una población de 160 vecinos, entre los que se incluían 26 viudas, y el casco urbano estaba formado por 154 casas habitables y 17 arruinadas. Un siglo más tarde el número de vecinos ascendía a 138, equivalente a 748 almas, y 160 viviendas.

Santoyo, al igual que las cercanas localidades de Astudillo y Támara, estuvo rodeada por una muralla con "altos muros almenados con sus torres y garitas de trecho en trecho y tres arcos en lugar de puertas", como la describe Quadrado. Construida con sillarejo en el siglo XI, aunque pudiera estar basada en una visigótica anterior, abarcaba un perímetro de 1.150 metros. En 1219 Fernando III eximía al concejo del pago por la muralla de Astudillo, a cambio del pago de una cantidad anual. Carlos V autoriza en 1536 la creación de bodegas en el pago El Cortijo y hacer un postigo en la muralla para acceso a las mismas.

Aún se conservan dos tramos de lienzo, que han sido consolidados en el año 2003. El situado al Oeste de la población, de cerca de 40 metros de longitud, cuenta con un pequeño cubo circular que sirve de refuerzo a la esquina formada por el cambio de dirección de la barrera. Sólo se conserva el muro externo de 1,30 de ancho, que alcanza los 5,5 metros de altura. Al Sur de la localidad perdura otro tramo de 35 metros de longitud, ligeramente más alto que el anterior, con una anchura de alcanza casi tres metros en la parte mejor conservada de la muralla.

Se accedía por cuatro puertas que contaban con pequeñas capillas en las que se daba culto a la Virgen, en tres de ellas, y a un Cristo crucificado en la cuarta. A principios de 1916 se derribaron tres de estas puertas, mientras que la restante ya había desaparecido en esa fecha.

En el interior de la localidad destaca la grandiosa iglesia parroquial de San Juan Bautista, que en el siglo XIV estaba bajo la abvocación de San Román. Construida sobre una antigua iglesia románica del siglo XII, conserva de ese estilo la torre y algunos de sus ventanales. El crucero es de estilo gótico del siglo XVI, y el pórtico de entrada es plateresco. Además, adosado a los restos de la muralla se encuentra el Real Pósito, construido en 1789, y en el casco urbano el Centro temático del palomar. También se puede admirar en las cercanías la ermita de Nuestra Señora de Quintanilla.